Me apunto a Kiva, un proyecto brillante

Por Irreductible, el 16 enero, 2011. Categoría(s): proyecto aldea global ✎ 19

No corren buenos vientos para eso de ser solidarios. La crisis, el desempleo, los recortes, en fin… no parece que en estos tiempos que vivimos sea una buena idea venir a pedir financiación, y menos para el mal llamado tercer mundo.

Aun así, yo que siempre he preferido las revoluciones silenciosas a las que salen por televisión, hace bastante tiempo que tenía ganas de hablar de KIVA.org. Un artículo que siempre he ido retrasando con la manida excusa de estar muy ocupado.

Pero, como en este 2011 no parece que vaya a llevar a cabo los mismos propósitos que todos los años me propongo cumplir, creo que sería buena idea cambiarlos por otros diferentes.

Kiva.org es una organización sin ánimo de lucro que mediante internet, se dedica a facilitar microcréditos a pequeños emprendedores de países en vías de desarrollo. Un tema que los más viejos de la Aldea recordarán ya me había llamado la atención en los inicios de este blog en la figura de Mohammad Yunus (En este punto, os recomiendo vívamente recordar aquel artículo y documental)

Hace unos días dispuse de un rato libre y me decidí a poner mi granito de arena. Aquí os cuento cómo funciona Kiva y por qué considero que sería recomendable que apoyárais este proyecto.

En primer lugar, no se trata de donaciones. No estáis regalando vuestro dinero. Kiva funciona como pequeños préstamos (sin intereses, obviamente) que el receptor se compromete a devolveros en el plazo acordado. Una de las características que más me llamaron la atención del sistema de Kiva y que tiene su base en aquel viejo adagio de “mejor enséñale a pescar”.

Veamos como fue la cosa. Entré en Kiva.org y me abrí la cuenta de usuario. No piden más que un correo electrónico y apenas se tardan un par de minutos.

Aunque en Kiva hay un video monísimo con unos dibujitos que explican el sistema, me arriesgaré y lo pondré por aquí: La idea es ayudar a la economía familiar y el entorno de alguien que tiene un pequeño negocio en países como Bolivia, Ecuador, Mongolia, para que pueda dar un paso adelante y mejorar su situación (y por ende la de su entorno).

Los prestamos son de 25 dólares, es decir, unos 22 euros.

Entrando en “Lend”, encontraréis que cada proyecto necesita una determinada cantidad de dinero. Por ejemplo, Teodoro Ventura, un peruano de 52 años necesita 725 dólares para comprar mercancía para su tienda. De esos 725, hasta ahora y gracias a los préstamos de particulares (25 dólares cada préstamo) ya ha conseguido reunir 575 dólares. Cuando consiga el total del préstamo, lo devolverá en 14 meses.

Ya en su día, el proyecto me pareció brillante, pero como casi siempre en estos casos (y seguramente como a todos vosotros) me surgieron algunas dudas.

La primera, es evidente y casi siempre sale (casi como excusa para no comprometerse que como una razón de verdadero peso) es la consabida: ¿Pero de verdad llega el dinero a sus destinatarios?… Bueno, pues en este caso, es razonable pensar que puesto os lo van a devolver tiene que llegar a la fuerza. Es decir, si se tratara de una donación, si podríamos malpensar sobre dónde va a parar nuestro dinero, pero en el caso de Kiva no parece ser una duda importante, puesto que el préstamos debe llegar para que os lo devuelva.

No obstante, me gustó encontrar en Vimeo este video que explica dónde van vuestros 22 euros. Se trata de un voluntario de Kiva que antes de dejar su trabajo en Londres, realiza un préstamo y se traslada a Camboya para comprobar si realmente ha llegado.

Otra duda (esta más personal) que me asaltaba era qué tipo de Organizaciones se hacían cargo de hacer llegar mi préstamo hasta aquellos países. Y sobre todo, y perdonadme, pero en mi caso no me hacía mucha gracia que mi dinero fuera manejado por organizaciones religiosas…

Es aquí dónde apareció hace unos meses el bueno de Rinzewind, que ya lleva usando Kiva durante algún tiempo y que se curró una página desde la que poder prestar dinero sólo a proyectos laicos… Gracias tito 🙂

Curiosamente y para los que aún piensan que los ateos somos malísimos e inmorales, también me hizo gracia comprobar que la comunidad libre pensadora es la que más dinero ha prestado en estos proyectos solidarios.

Así pues, y como el proyecto me pareció brillante y la ejecución bastante transparente, como os digo, me he apuntado al carro de Kiva y he comenzado a prestar dinero a través de este sistema.

Se puede prestar mediante paypal o mediante tarjeta de crédito, y como yo tenía algún dinero del cual no iba a sacar más provecho que algun que otro Jameson durante alguna noche loca de la que al día siguiente tan sólo me quedarían lagunas, me di de alta y busqué un proyecto que me llamara la atención.

Tras abrir mi cuenta en Kiva, abrí la web de proyectos seculares (Kiva Secular) que se curró Rinze (que por cierto, a ver si la pules de una vez para que no se repitan algunos) y me puse a buscar a alguien al que le hicieran falta mis 22 euros. Al final me decanté por Manzura Ergasheva.

Manzura es una viuda de 48 años de Tajikistan que ostenta una pequeña tienda de alimentación en un pueblo llamado Kanibadam. Tiene 4 hijos y viendo que en su país son muy populares los frutos secos, una mercancía que podría vender bien y que aguanta bien el paso del tiempo, se ha decidido a pedir un préstamo a Kiva para comprar mercancía y venderla.

El préstamo que pide es de 1725 dólares y, con mis 25 dólares y el de unos cuantos más, entre ayer y hoy, Manzura ya ha conseguido reunirlos.

Una vez que se llega a la cantidad acordada, la buena señora se ha comprometido a devolver el dinero en 12 meses, empezando desde abril de este año.

Así pues, Manzura comenzará a devolverme mes a mes, el pequeño préstamo que le he enviado de la siguiente manera:

¿Qué ocurre si no lo devuelve? Hombre, esto se basa en la confianza y tengo que avisaros que este tipo de personas, en este tipo de países, me merece mucha más confianza que cualquier banquero ricachón y seguramente, sinverguenza, de los que pueblan nuestros bancos.

No obstante, para los más meticulosos, hay algunos datos muy interesantes que demuestran que este tipo de pequeños emprendedores que luchan por levantar su vida en países tan difíciles, ponen mucho más empeño en no defraudar a quienes ponen su confianza en ellos. Lo siento, me parecen mucho más honestos y confiables que el Banco BBVA… es mi opinión y las cifras no me llevan la contraría: En el caso de Manzura, en su ficha también encontraréis un apartado con los datos de “riesgo” de la ONG que se encarga de supervisar su proyecto, en este caso IMON International.

En el apartado de “riesgos” podemos ver que tiene una “Delinquency Rate” de un 0,08%, cosa que ya quisieran muchas grandes multinacionales para sí mismas.

Así que, cojo mis 22 euros y se los envio a Manzura para que compre frutos secos y ya he hecho mi primer préstamo en Kiva. Fijaos que no me he movido del sillón, cosas del malvado internet, invento del diablo…

¿Y ahora qué?… bueno, pues personalmente yo tengo pensado realizar más préstamos a más proyectos, pero para el que quiera recuperar su dinero, tan sólo tendría que esperar a que Manzura devuelva los 22 euros en el plazo y una vez realizado el pago, podríais elegir entre recuperar vuestro dinero y dejarlo de nuevo en manos de vuestros queridos bancos o volver a apoyar otro proyecto, volviendo a invertir esos mismos 22 euros…