Beacon of Progress, el faro que quiso iluminar el futuro

Por Irreductible, el 3 julio, 2009. Categoría(s): arquitectura • construcciones • curiosidades de la historia ✎ 4

En los paseos históricos que durante este tiempo hemos realizado por la Aldea, hemos visto pasar increibles proyectos arquitectónicos que, en algunos casos llegaron a buen puerto y en otros desaparecieron en la bruma del tiempo rumbo al olvido.

Hemos visto crecer puentes centenarios como el de Manhattan, Rascacielos que inauguraron una forma de crecer, como el Flatiron de Nueva York, Monasterios imposibles como el Taung Kalat, situado en la cima de un volcán o los Meteora de Grecia, Catedrales incrustadas en abismos como Las Lajas o Estatuas robadas a la montaña a golpe de cinzel.

Pero también hemos conocido ideas que no llegaron donde sus soñadores pensaron… Soñadores que imaginaron verdaderos Castillos en el aire, o torres pioneras como la de Madrid o la de San Petersburgo.

En este segundo apartado de arquitecturas que no llegaron a nacer, salvo en la imaginación y los planos de sus constructores, vamos a encuadrar la historia de hoy… Beacon of Progress, el edificio que se hubiera convertido en la construcción más grande realizada por el hombre en toda la Historia de la Humanidad.

Beacon of Progress (El faro del progreso) | Fuente: MIT Institute | Dominio Público

La Exposición Universal realizada en Chicago en 1893, que tuvo como tema principal el cuarto centenario del descubrimiento de America, fue un punto de inflexión para muchos contemporáneos que la disfrutaron.
Entre los más de 27 millones de visitantes de aquella Expo, se encontraba Désiré Despradelle, un arquitecto y profesor del MIT que allí, comenzó a fraguar una idea descabellada.

Una torre de piedra de 1500 pies en forma de faro que, en pleno Chicago, sería la mayor obra del ser humano y que quedaría para la posteridad como imagen del progreso.

1500 pies equivalen a 457 metros, una altura impensable en aquellos tiempos y que aún hoy, sólo sería superada unicamente por tres rascacielos actuales: El Burj Dubai (aún en construcción), el Taipei 101 (por ahora el mayor edificio del mundo) y el Shanghai World Financial Center. Sin embargo, si se hubiera construido, el Beacon of Progress, en 1893 hubiera sido más alto que las emblemáticas Torres Petronas (452 metros) o la Torre Sears (442 metros).

Para hacernos una idea más aproximada, además de bocetos y planos de su Torre, el propio Désiré Despradelle, dejó este dibujo con una comparativa entre los edificios y monumentos de aquella época.

Comparativa Beacon of Progress y el resto de edificios | Fuente: MIT Institute | Dominio Público

La torre estaba proyectada en piedra y su localización hubiera sido el Parque Jackson de Chicago, desde la que, además, se hubieran extendido diversos muelles hasta el Lago Michigan para realizar regatas.

Entrada principal al Beacon of Progress | Fuente: MIT Institute | Dominio Público

Su diseño fue aplaudido en toda America e incluso Despradelle fue galardonado con la Medalla de Arquitectura en la Exposición de Paris de 1900.

Sin embargo, como la mayoría de los sueños, el Beacon of Progress tenía un coste acorde a sus pretensiones, cifras tan inalcanzables como las imposibles alturas de sus azoteas.

Despradelle fue aplaudido y galardonado… sí, eso es cierto… pero de ahí, a conseguir la financiación que le permitiera hacer realidad aquel proyecto, hay un trecho… convertir en verdadera piedra su Torre era algo que estaba muy lejos del alcance de aquellos días.

Pero hoy, al menos aquí en la Aldea Irreductible, hemos mirado hacia el horizonte subidos a lo que pudo ser el edificio más alto construido por el hombre jamás… aquel Faro del Progreso de hace más de cien años, no ha quedado totalmente en el olvido…

Vista Frontal del Beacon of Progress | Fuente: MIT Institute | Dominio Público

Fuentes: Para quien quiera ampliar este artículo, hay numerosos enlaces insertados en el texto a diferentes fuentes, entre las que destacaría este artículo del MIT o el Foro Skycraper, que fue donde ví la Torre por primera vez.
Todos los dibujos que aparecen en este artículo son los originales que el mismo Desiré Despradelle realizó a finales del siglo XIX y están abiertos al público gracias a la Librería del MIT.

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