La estupidez de curarse en las vías de un tren

A veces uno no sabe si llevarse las manos a la cabeza o bajar definitivamente los brazos rindiéndose a la evidencia de que la superstición y la estupidez seguirán campando a sus anchas por más intentos que se hagan desde el sentido común.

Cientos de indonesios se acercan a diario a las vías del tren para curarse en la creencia de que la eletricidad que de allí emana es beneficiosa para la salud. Desde el reumatismo hasta el insomnio, pasando por la artritis, migrañas o incluso diabetes, cualquier enfermedad se puede curar, cualquier dolor se puede aliviar tumbándose en los hierros del ferrocarril.

La nueva terapia de moda en Indonesia no sólo es inútil sino que representa un peligro evidente para quien la practica y, aunque algunos puedan sentirse tentados a dejar que la implacable selección natural vaya limpiando de supercherías este planeta, lo cierto es que no deja de sorprender la insistencia en agarrarse a cualquier payasada curativa por ridícula que sea.

Tirarse a las vías del tren, el método de suicidio por excelencia, resulta que ahora es una cura milagrosa de males, dolores y enfermedades… quién lo hubiera pensado.

Desde los más recónditos lugares del país llegan, casi en peregrinación, a curarse en medio de vagones pasando a su vera. Vengan todos a curarse, pasen y sanen sus males con la milenaria terapia del trenecito indonesio.

El nuevo Lourdes ferroviario, la Fátima de Yakarta , la Santa Viga de acero.

Alguno podrá pensar que la culpa de esto es la falta de educación, la ignorancia del tercer mundo, los mitos y supersticiones arraigados, la credulidad en rumores y cuchicheos… sí, alguno del primer mundo seguro que piensa que eso no puede pasar aquí, en el mundo civilizado… y lo piensa mientras enciende esa vela aromática que tan estupendamente le libera los chackras, mientras toma su medicina supernatural diluída en piscinas y piscinas de agua con sacarosa, mientras acude a su acupuntor de cabecera o mientras vuelve de su cita mensual con el moderno quiropráctico…

Lo cierto es que la estupidez no conoce fronteras, no distingue clases sociales y, si no es infinita como pensaba Einstein, poco le falta.

Y sí, en Indonesia también lo dicen: «a mí me funciona», «a un amigo de mi abuelo le curó el reumatismo», «desde que lo uso mis dolores lumbares han desaparecido»…



Por Irreductible
Publicado el ⌚ 7 agosto, 2011
Categoría(s): ✓ pseudociencia