Utilizando objetores de conciencia para probar alimentos radiactivos (EEUU, 1955)

Por Guillermo, el 6 julio, 2010. Categoría(s): guerra mundial • guillermo ✎ 13

Bajo el título “Comedores de conciencia de una dieta Atómica”, el número de septiembre de 1955 de la revista Life nos explica que estos jóvenes objetores de conciencia fueron utilizados para una peculiar tarea en sustitución del servicio militar. Eso sí, de manera voluntaria.

Su misión consistía en participar en un estudio para ayudar a descubrir los posibles riesgos que podría conllevar el ingerir comida tratada con radiación nuclear.

Para ello debían “comer cada miga o gota dejada en los utensilios”, como el joven de la foto, bajo la cual puede leerse:

“Desayunando con otros voluntarios, John Meyer lame escrupulosamente las gotas de grasa de la cazuela en la que fue cocinado el tocino irradiado”

Según el experimento, la radiación nuclear mataría las bacterias y cualquier otro microorganismo que vive en los alimentos y que pudiera causar enfermedad o ser la causa de su descomposición. El resultado a largo plazo para los militares podría ser importante, pues permitiría mantener la comida por períodos más largos de tiempo, y también podría mantener saludables a las tropas mediante la eliminación de ciertas enfermedades transmitidas por los alimentos y que a su vez podían transmitirse de una persona a otra.

Aunque, según la revista Life, en unos primeros exámenes no se habían observado efectos nocivos por radiación en estos hombres (parece ser que la radiación nuclear utilizada en los alimentos no era elevada) lo cierto es que se trataba de un experimento altamente arriesgado y peligroso, puesto que en aquella época todavía se desconocían los efectos de la irradiación nuclear en los alimentos.

No olvidemos que tan solo 10 años separaban a estos jóvenes, lamiendo de sus platos la grasa con radiación nuclear, de la detonación en 1945 de las dos bombas atómicas en Japón.

Fuentes y más información: En Revista Life, Ptak Science Books y en los enlaces del texto.



Por Guillermo, publicado el 6 julio, 2010
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