Cojoncio existe… o ha existido

Por Guillermo, el 16 marzo, 2010. Categoría(s): curiosidades • guillermo ✎ 7

La madre de Cojoncio Alba se horrorizaba cada vez que pensaba que el nombre de su hijo venía de una apuesta.

Y es que el padre -que era muy bruto- se jugó una cena con los amigos a que llamaba Cojoncio al pobre niño… y ganó el envite.

Cojoncio Alba es el nombre con el que el escritor Camilo José Cela bautizó humorísticamente a uno de los personajes que aparecen en su novela “La Colmena” junto a otros como Tesifonte Ovejero o Pito Tiñoso.

Pero más allá de los personajes de ficción de Cela, el insólito nombre de Cojoncio ni aparece en el Santoral ni desde luego es nada habitual.

Sin embargo, gracias a otro grande de nuestras letras, en este caso Rafael Alberti, nos enteramos de que realmente el nombre existe… o existió al menos.


Efectivamente, en un pasaje del libro “La arboleda perdida” (autobiografía de Rafael Alberti) nuestro poeta relata un curioso descubrimiento respecto al nombre Cojoncio (página 124 de Scribd), hecho durante una breve excursión con Carlos Gardel por tierras palentinas:

“Con él (con Carlos Gardel) salimos aquella misma madrugada para Palencia. Una breve excursión, amable, divertida. (…)

Nuestro recorrido por las calles de la ciudad fue estrepitoso. Los nombres de los propietarios de las tiendas nos fascinaron. Nombres rudos, primitivos, del martirologio romano y visigótico. Leíamos con delectación, sin poder reprimir la carcajada: “Pasamanería de Hubilibrordo González”; “Café de Genciano Gómez”;”Almacén de Eutimio Bustamante”; y éste sobre todos: “Repuestos de Cojoncio Pérez”. Un viaje feliz, veloz, inolvidable.

Meses después, ya en Madrid, recibí una tarjeta de Gardel fechada en Buenos Aires. Me enviaba, con un gran abrazo, sus mejores recuerdos para Cojoncio Pérez.

Como a mí era lo que más le había impresionado de Palencia.”

Así pues realmente existe, o existió al menos, un tal Cojoncio Pérez…

… y también existieron unos padres con bastante mal gusto.


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Más información en Revista Carrollia nº 56, marzo de 1998.

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Artículo realizado por Guillermo