MiniFicha 57 – El Rey que condenó a muerte y ejecutó… a un río (540 a.C)

La Historia sabe de un extraño caso en que un río fue condenado a muerte, y también de la curiosa forma en que la pena fue ejecutada.

Nos lo cuenta Heródoto de Halicarnaso en el primero de sus nueve libros de Historia (apartados CLXXXIX y CXC), considerado por muchos como la fuente griega más fiable sobre Ciro II el Grande de Persia.

Alrededor del año 540 a.C, el Rey persa Ciro II el Grande, estaba barriendo con sus ejércitos el este de Europa y muchos territorios del cercano oriente. Ahora avanzaba hacia la ciudad de Babilonia.

Un día, él y su ejército llegaron a las orillas del río Gyndes (probablemente el actual río Diyala que fluye entre Irán e Irak y desemboca en el río Tigris), y antes de que se terminaran los preparativos para cruzarlo (lo cual no podía hacerse sino con barcas), uno de sus caballos blancos sagrados se lanzó al agua y trató de cruzar a nado, pero sumergido entre los remolinos, murió ahogado.

El gran rey Ciro no estaba acostumbrado a recibir el desafío de nadie – ni siquiera de un río – y enfurecido por la muerte del caballo, le condenó con dejarle tan pobre y desvalido que hasta las mujeres pudiesen atravesarlo sin que les llegase el agua a las rodillas.

Ciro aplazó su campaña contra Babilonia y ordenó ejecutar la sentencia.

Para ello dividió en dos partes su ejército, cada uno en una orilla del Gyndes, marcando con cordeles 180 acequias a cada lado del río… y les ordenó que comenzasen a cavar…

Cerca de tres meses duró la empresa, hasta que al final las acequias se convirtieron en 360 canales que desangraron el río.

Al final de la colosal obra, Ciro marchó en señal de triunfo con sus hombres sobre el Gyndes, que quedó reducido a una red de arroyos insignificantes.

Por suerte, la Naturaleza quiso que muchos años después el río volviese de nuevo a su cauce.

La verdadera grandeza, no necesita la humillación del resto. Amado Nervo (1870-1919) Poeta, novelista y ensayista mexicano.

La grandeza reside, no en ser fuerte, sino en la buena utilización de la fuerza. Henry Ward Beecher

Quien piensa con grandeza se ha de equivocar con grandeza Martin Heidegger

9 comentarios

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LobaDeArena LobaDeArena

Al menos este logró “dominar” la Naturaleza durante un cierto tiempo, no como el rey Canuto II de Inglaterra, quien -eso cuenta la leyenda- ordenó a las olas del mar que se alejaran de la costa. Tururú, que dirían los egipcios de Astérix XD.

Javier Javier

Acaban de leer este articulo en el programa de García en RNE (palabra por palabra,además) y ni siquiera os han mencionado. Un saludo y seguid así

bactrio bactrio

Jajajaja, nada nuevo. Jerjes durante las Guerras Médicas también mandó flagelar… al mar! Jajajaja.

Al parecer no se estaba portando muy bien con sus barcos. Es que los persas somos así de guays! 😀

Queralt. Queralt.

Si al menos hubiera sido por amor a su caballo… pero fue por soberbia, el motor de los prepotentes… en fin, gracias por estas historias que nos gustan tanto.
Besos de cereza.

Queralt.

guillermo guillermo

Gracias Javier, acabo de buscar y escuchar el podcast del programa de RNE y es como dices, pero no es fácil extender a la radio y (algunas) TV la regla “blogosférica” de citar las fuentes. ¡Si ni siquiera han citado a Heródoto! jajaja

Bactrio y Queralt gracias y un saludo.

killdevil killdevil

..Pero tu no te ibas de vacaciones esta semana? menos mal que el RSS me avisa, porque si no hubiera esperado al lunes apra ver si habias vuelto.

Muy buena la historia (por cierto)

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