Latas de comida: una ingeniosa arma en las trincheras de la Primera Guerra Mundial

Las duras condiciones de vida que se vivieron en las trincheras de la Primera Guerra Mundial propiciaron que aquellos soldados que afanosamente las defendían dieran rienda suelta a su ingenio, y buena prueba de ello fueron los peculiares usos que dieron a sus latas de comida.

jam tim 2

Así, por ejemplo, el ejército británico fabricaba con las latas vacías de mermelada una especie de granadas de mano denominadas “Jam-tin”. En su interior se introducía un explosivo junto a fragmentos de metal y una mecha que sobresalía al exterior. La mecha se encendía con un cigarrillo y se lanzaba hacia las trincheras enemigas.

Los soldados australianos del ANZAC (Australian and New Zealand Army Corps) que combatían en Gallipoli encontraron en sus latas de racionamiento otra utilidad menos “técnica”, pero no por ello menos ingeniosa y efectiva:

Consistía en lanzar las latas abiertas hacia la “tierra de nadie”, es decir, a la zona entre su trinchera y la del enemigo. Muy pronto las latas cubrirían casi completamente ese área y resultaría prácticamente imposible para cualquier patrulla nocturna turca aproximarse sigilosamente a gatas a las defensas australianas sin armar un gran alboroto, o sin cortarse con las afiladas y sucias tapas de las latas que, a buen seguro, les producirían infecciones y heridas difíciles de curar.

También ataban latas en las alambradas para alertar de incursiones turcas. Pope´s Hill, Gallipoli. 1915. Australian War Memorial

La carne de vaca enlatada, junto con galletas secas y duras (a las que llamaban rock-chewer o “masticapiedras”) constituyó la base de las raciones en Gallipoli. Las latas de carne eran las más odiadas por las tropas, puesto que el clima caliente de Turquía muy a menudo convertía su contenido en una maloliente masa líquida de grasa.

Tras la guerra, el soldado australiano P. Barret escribió:

Si bien es cierto que las latas de carne fueron directamente responsables de enviar a varios cientos de nuestros hombres al hospital (aquejados de disentería), también ayudaron a preservar nuestras líneas de ataques nocturnos sorpresa por parte de los soldados turcos.”

Fuente: Esta historia, y otras muchas sorprendentes, que son fruto del ingenio humano en tiempos de guerra, podéis encontrarlas en el libro que he publicado recientemente: “¡Fuego a discreción!: Historias sorprendentes de la Primera y Segunda Guerra Mundial” (Editorial Oberón, Grupo Anaya)

2 Comentarios

Participa Suscríbete

Deja un comentario

Tu email nunca será mostrado o compartido. No olvides rellenar los campos obligatorios.

Obligatorio
Obligatorio
Obligatorio

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>