El hombre que cogió una bala con la mano

Por Irreductible, el 12 julio, 2008. Categoría(s): aviacion • curiosidades de la historia • fisica • guerra mundial ✎ 11

EL HOMBRE QUE COGIO UNA BALA CON LA MANO…

Como ya saben los asiduos de la Aldea, me encanta relacionar y unir post e ideas. En este caso traigo una historia de aviación y balas que está irremediablemente relacionado con el post que edité hace unos días y que titulé Huracanes, Física y Cañones de la IWW, en el que vimos la importancia de la resistencia al aire en determinadas situaciones, cómo por ejemplo los cañones…

La historia de hoy también va de física y primera guerra mundial…

Retomando los fabulosos libros de Física cotidiana de Yakov Perelman, volvemos a los tiempos de la gran guerra y nos hacemos eco de una noticia que apareció en la prensa de aquellos días y que parece extraordinaria…

En uno de los vuelos de reconocimiento a una altura de dos kilómetros, un aviador francés se dio cuenta que junto a su cara se movía una cosa pequeña. Pensó que sería algún insecto, y, haciendo un ágil movimiento con la mano, lo cogió. Cuál sería su sorpresa cuando vió lo que acababa de cazar… ¡una bala alemana!

Tras reponerse del susto, el aviador miró hacia atrás y debajo suyo, vió a lo lejos un focker alemán en su cola…

El enfrentamiento terminó sin consecuencias y al aterrizar el aviador contó lo sucedido que sorprendió a propios y extraños.

No obstante, esta noticia sobre el piloto que cogió la bala, no tiene nada de imposible.

Las balas no se mueven durante todo el tiempo con la velocidad inicial de 800-900 m por segundo, sino que, debido a la resistencia del aire, van cada vez más despacio y al final de su trayectoria, antes de empezar a caer, recorren solamente 40 m por segundo. Esta era una velocidad factible para los aeroplanos de entonces.

Por consiguiente, la bala y el aeroplano podían volar a una misma velocidad, en un momento dado, y, en estas condiciones, aquélla resultaría inmóvil o casi inmóvil con relación al piloto. Es decir, éste podría cogerla fácilmente con la mano, sobre todo con guante (porque las balas se calientan mucho al rozar con el aire.

Cómo se suele decir… No me asustan las balas, sino la velocidad que llevan…

Por otro lado, Perelman nos advierte que si en condiciones determinadas una bala puede resultar inofensiva, también se da el caso contrario, es decir, el de un «cuerpo pacífico», que lanzado a poca velocidad puede producir efectos destructores.

Esto es lo que ocurrió cuando, durante la carrera automovilística Leningrado-Tiflis (en el año 1924), los campesinos de los pueblos del Cáucaso saludaban a los automovilistas, que junto a ellos pasaban a gran velocidad, arrojándoles manzanas, frutas… incluidos melones y sandías… (muy bestias algunos, si señor…)

El efecto que produjeron estos inesperados obsequios fue bastante desagradable. Las sandías y los melones abollaban, hundían y hasta rompían las carrocerías de los coches, mientras que las manzanas lesionaban seriamente a los pasajeros. La causa es comprensible. La velocidad que llevaban los automóviles se sumaba a la de las propias sandías o manzanas y convertía a éstas en peligrosos proyectiles destructores.

No es difícil calcular, cómo una sandía de 4 kg, lanzada al encuentro de un automóvil que marcha a 120 km por hora, desarrolla la misma energía que una bala de 10 g de peso…

Claro que, en estas condiciones, el efecto de penetración de la sandía no puede compararse con el de la bala, ya que la primera carece de la dureza de la segunda… Aún así, y ahora que estamos en temporada de rallies, desde la Aldea aconsejo no agasajar de esta manera a los participantes…

 



11 Comentarios

  1. Pues mira… con estas cosillas lo mismo prestan más atención y se les hace más ameno 🙂

    Gracias como siempre y siento lo de la moderación de comentarios… Seguramente vuelva a dejarlos libres dentro de un tiempo, cuando la cosa se calme 🙂

    Un saludo

  2. Estupendo post, pero encuentro un leve, levíiiisimo fallo en el texto. Seguro que ya lo sabes, pero la forma de redacarlo da lugar a confusión. Escribes que las balas, y cito textualmente, «…antes de empezar a caer, recorren solamente 40 m por segundo…»

    La fuerza de la gravedad es una constante y como tal, actua en todo el recorrido de la bala: desde que sale del cañón hasta que toca el suelo está cayendo, lo que pasa es que no da esa sensación.

    Humildemente recomiendo repasar el texto

  3. El texto esta recogido literalmente del Libro de Física de Yakov Perelman…

    Creo que estás en un error al decir que la bala siempre está cayendo… y el error radica en que crees que el disparo se hizo desde más arriba…

    Imagina un disparo de un fusil en tierra, hacia el cielo… La bala sube y termina descendiendo 🙂

    En este caso, documentado tanto histórica como físicamente por numerosos periódicos de la época y avalado por Yakov Perelman, la bala fue disparada desde abajo hacia arriba… llegado a un punto, la bala desciende….

    Creo que piensas que el disparo se realizó desde arriba y eso no es correcto:

    El ejemplo es válido y consiste en lo siguiente… lo explicaré con algo más de detenimiento:

    El avión alemán en la cola del francés y debajo de él, dispara hacia arriba una ráfaga… de esa ráfaga que asciende, una de esas balas es la recogida por el piloto francés, antes de que comience su descenso debido a la gravedad y el rozamiento del aire…

    La bala no está descendiendo siempre… Primero asciende y luego… desciende 🙂

    Un saludo

  4. Perelman es un genio, un gran divulgador, pero podía tener «imprecisiones», como todo el mundo.

    Irreductible, no es que esté de acuerdo con anónimo, es que quiero aclarar algo.

    Los físicos solemos decir que una piedra tirada hacia arriba está «cayendo» desde que la tiras, porque, efectivamente, la acción de la gravedad actúa sobre ella desde el primer momento.

    En este sentido se suele decir que la luna «está cayendo sobre la Tierra», no porque se vaya a caer literalmente, sino porque está sujeta a su acción gravitatoria. Es una forma poética de hablar del asunto, un abuso del verbo «caer»

    En realidad los cuerpos no describen parábolas exactísimas, son pequeños trozos de una elipse, una elipse que sería la órbita del cuerpo si toda la Tierra se convirtiera en un punto infinitesimal. Ya me he enrrollado.

    Aunque en el lenguaje ordinario no es incorrecta la expresión del grandioso Perelman (me encantan sus escritos), en física se prefiere hablar de que el vector velocidad cambia de sentido (es lo que hace la aceleración gravitatoria, variar continuamente el vector velocidad, al principio va hacia arriba, luego pasa por el cero y, finalmente, cambia de signo)

  5. Buenas Eugenio… 🙂

    Hombre visto así, todos estariamos cayendo jurjurjur… todo lo que está sujeto a la gravedad de la tierra… balas, luna y hasta nosotros estaríamos cayendo…

    De todos modos, el pasaje de la bala y el piloto está sacado del libro de Perelman y creo que se refería al sentido más cotidiano del verbo caer…

    Estos físicos cómo sois… jajajaja… la exactitud milimétrica hasta en el lenguaje 🙂

    Un saludo

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