La fascinante historia tras la “GLOMAR Response”

En enero del año pasado se hizo muy popular una respuesta de la Casa Blanca ante una petición popular para construir una “Estrella de la Muerte” como la que aparece en la saga Star Wars.

Construir una Estrella de la Muerte… algo caro para Obama

El comunicado, rebosante de buen humor y guiños a los aficionados del cine, contestaba públicamente lo siguiente:

“¿Qué sentido tiene gastarse el dinero de los contribuyentes en una “Estrella de la muerte” sabiendo que un hombre solo en una nave puede destruirla fácilmente?. Además, construirla costaría más de 850.000 billones de dólares y estamos trabajando en reducir el déficit, no en aumentarlo… Finalmente, esta Administración no apoya el destruir planetas”.

Era fácil suponer que la respuesta de la Administración Obama pronto se convirtiese en viral y corriera como la pólvora por las redes sociales y blogs.

Sin embargo, más allá de los chascarrillos frikies y de la aparente astucia de los responsables del departamento de relaciones públicas de la Casa Blanca, que seguramente vieron en esta curiosa pregunta una buena oportunidad para mejorar su imagen pública, se esconde la verdadera noticia y es la obligación del Gobierno estadounidense de contestar a todas las preguntas que superen las 25.000 firmas (incluso las recibidas a través de plataformas digitales como Change.org)

Esta actuación no es más que el reflejo de uno de los compromisos que el Presidente contrajo en su programa electoral en pos de la transparencia y que, obliga realmente a la Administración a proporcionar una respuesta sobre las cuestiones que se le planteen, sean cuales sean, y es más… debe hacerlo en un plazo inferior a 30 días.

Este compromiso de proporcionar información pública está muy arraigado en el Derecho norteamericano y tiene sus orígenes más inmediatos en el Acta de Libertad de Información (Freedom of Information Act) redactada a mediados de la década de los años ’60 y que implantó la obligación de proporcionar información federal a todos los miembros de los Estados Unidos que así lo pidieran.

Por supuesto, y más si se trata de Estados Unidos, esta obligación de ofrecer información cierta a las cuestiones planteadas públicamente que implantó la FOIA tiene muchas lagunas, excepciones y subterfugios legales que, durante décadas han causado incontables quebraderos de cabeza a numerosas agencias, como la CIA o la NSA, cuya labor es precisamente la contraria: Guardar secretos…

Web oficial de FOIA – Freedom of Information Act

El artículo que os ofrezco hoy contiene una historia fascinante que incluye a las dos grandes potencias en plena guerra fría, un submarino desaparecido, un plan oculto de la CIA, una misión secreta que costó más de 800 millones de dólares, e incluso la aparición estelar del multimillonario Howard Hughes…

La historia la encontré en el capítulo titulado “Neither confirm nor deny” del magnífico podcast Radiolab ( que por cierto, ya os recomendé en una ocasión anterior) y comienza con una “inocente” pregunta por parte de Jeff Larson, editor de Propublica, un medio independiente dedicado al periodismo de investigación.

A poco que sigáis la actualidad política de estos últimos meses conoceréis la polémica surgida por las escuchas telefónicas que la National Security Agency (NSA) ha realizado a miles de personas (algunas muy influyentes) y que solo en España parece que alcanza los 60 millones de llamadas telefónicas.

Pues bien, al bueno de Jeff Larson se le ocurrió dirigirse a la Administración para preguntar si él mismo había sido objeto de esas escuchas y, aunque no albergaba muchas esperanzas de que le contestaran, la sorpresa llegó en forma de carta certificada solo doce días después de que planteara su pregunta.

La carta, a grandes rasgos, decía lo siguiente:

No podemos confirmar ni desmentir la existencia de los datos o metadatos del número de teléfono que usted indica en su cuestión

Jeff, confuso, leyó varias veces la frase… ¿Qué es esto? ¿Qué clase de contestación es esta? No dice nada… Todos habréis escuchado una frase así en algún momento. “No podemos confirmar ni desmentir la existencia de dicha información…” Sí, Jeff, había visto ese tipo de contestaciones en otras ocasiones, en el cine, en la tele, en ruedas de prensa, pero… ¿Por qué molestarse en dar una respuesta que no dice nada?

Intrigado, llevó la carta al día siguiente a su redacción y preguntó a uno de sus compañeros en el periódico… ¿Qué significa realmente esto?

Oh!… It’s a “Glomar response” –le contestaron–

¿Una respuesta “Glomar”?

Lo que viene a partir de ahora nos obliga a trasladarnos a los intrincados años de la Guerra Fría para descubrir una de las operaciones más caras y secretas de toda la historia del espionaje… El proyecto Azorian.

En 1968 las autoridades marinas de Estados Unidos detectaron una alta e inusual actividad de efectivos rusos en el Pacífico. Numerosos aviones, barcos y submarinos soviéticos se concentraban a unos 2000 kilómetros de las islas Hawaii haciendo saltar todas las alarmas de la Marina norteamericana.

No parecía que estuviesen preparando un ataque, sus movimientos parecían indicar que estaban buscando algo… Estaban peinando toda la zona y de repente todo parecía claro: habían perdido un submarino.

Lo que estaba ocurriendo, al más puro estilo “A la caza del octubre rojo”, es que los mandos soviéticos habían desplegado todo un operativo de búsqueda de uno de sus más modernos submarinos GOLF II Clase SSB: El K-129 se había hundido, pero al parecer, no sabían exactamente dónde…

Submarino soviético GOLF II de la Clase SSB

En paralelo, y observando la posibilidad que se les abría ante ellos, los americanos comenzaron a preparar su propia misión de búsqueda. El rescate de aquel submarino ruso podría darles mucha información sobre claves y datos secretos, por no mencionar lo que podía significar recuperar los misiles nucleares SS-N-5 SERB que el navío llevaba a bordo.

No pasó mucho tiempo hasta que el USS Halibut (SSGN-587) localizó los restos del submarino soviético a una distancia de unas 1600 millas de Pearl Harbor. El problema era por supuesto era la profundidad: casi 5000 metros… Jamás se había intentado recuperar algo a esa profundidad. Era casi impensable una operación de salvataje, pero qué narices, estamos en los años de la Guerra Fría y el dinero para operaciones militares secretas no supondría un obstáculo: Había que recuperar el K-129 costase lo que costase.

Sin embargo, era fundamental organizar todo este operativo en total secreto para conseguir que los soviéticos no supieran que los americanos habían conseguido el submarino, sus claves e información de inteligencia y sus cabezas nucleares… Necesitaban además una misión de distracción que ocultara los verdaderos propósitos militares.

La historia sigue mejorando por momentos y es aquí donde entra el extravagante multimillonario, dueño de la Pan Am Trans World Airlines (TWA), Howard Hughes

La tapadera ideal para cubrir las labores de salvataje era hacerlas pasar por minería comercial. El Presidente Nixon encargó a la CIA toda la operación que consistiría en el desarrollo y construcción de un barco, encargado a una empresa de Hughes, la Global Marine Development Inc, que simularía trabajos de minería submarina para extraer manganeso…

USNS Hughes Global Marine Explorer

Evidentemente tardaron varios años en construir un barco oceanográfico de estas increíbles características (debía realizar todo un record de profundidad para el rescate del submarino), pero en 1974 el USNS Hughes Global Marine Explorer (T-AG-193) estaba listo para la acción…

USNS Global Marine Explorer… Global Marine… GloMar… Nos vamos acercando.

El rescate fue simplemente alucinante: Me recuerda a esas máquinas recreativas de monedas con un gancho para atrapar muñecos de peluche y es que el Glomar Explorer iba dotado con una enorme pinza mecánica que debía enganchar el submarino e izarlo hasta la superficie.

Infografía del GLOMAR Explorer y su pinza mecánica Clementine

Los datos del salvataje siguen siendo muy confusos pero parece confirmado que el pecio soviético se partió por la mitad al ser izado y los norteamericanos tan solo pudieron recuperar una parte del submarino. En la actualidad unos consideran que la operación fue un fracaso puesto que la grua (a la que llamaban “Clementine”) fallara y dejara caer nuevamente una sección del submarino cuando ya estaba a un tercio de camino de la superficie.

Otros creen que fue un verdadero éxito de ingeniería poder levantar aquella mole del fondo del mar, aunque fuese solo la mitad, y recuperar dos misiles, una (desconocida) cantidad de información secreta rusa… y los cuerpos de seis tripulantes soviéticos cuya historia también merecería ser contada ya que, debido a lo delicado de la operación, fueron enterrados con honores, pero en secreto y sin que sus familias en Rusia tuvieran una respuesta sobre su paradero durante décadas…

Pero estamos en 1974 y el Presidente Nixon tiene los días contados. Nuestra historia, aún secreta y desconocida por el público de la época, va a dar un nuevo giro…

El escándalo Watergate llevó a la dimisión del responsable de la Casa Blanca y la opinión pública empezó a exigir más transparencia en las actuaciones públicas: comenzaba a fraguarse la actual FOIA que, aunque fue aprobada en 1966, en este mismo año 1974 incorporaría una enmienda que incorporaba la obligación efectiva y real de contestar de forma veraz y responsable a las cuestiones realizadas a las autoridades federales… mmm… la cosa empieza a tomar forma.

Volvemos a dar un pequeño salto en nuestro relato para conocer a Seymour Hersh, un redactor del New York Times que precisamente en ese año 1974 se encontró con algunos detalles de la operación Azorian. El proyecto supersecreto del GloMar Explorer, su tapadera y su misión de rescate se había filtrado a la prensa y el mismísimo director de la CIA, William Colby, tuvo que ponerse en contacto con el periodista y con el NYT obligando a retrasar la publicación del artículo hasta que las labores del Explorer hubieran finalizado…

Para 1975, ya nadie podía esperar más… Al New York Times se unía el Los Angeles Times y otros periódicos, impacientes por publicar, comenzaban a exigir respuestas sobre la operación.

Artículo del New York Times de 1975 haciendo saltar la liebre…

La CIA se encontraba ante un grave problema. Por un lado, la enmienda de 1974 del Act of Freedom les obligaba a dar una respuesta pública y veraz a las cada vez más numerosas preguntas. Por otro lado, revelar cualquier detalle de la operación dejaría sin efecto todo el trabajo secreto de los últimos años y pondría en una situación muy incómoda a Estados Unidos frente a los soviéticos…

Tenían que hablar, no podían mentir pero tampoco revelar ningún secreto de Estado… Ay, el eterno dilema…

Fue entonces cuando surgió una de las reuniones más inquietantes, influyentes y secretas de los últimos años. La CIA escogió a varios de sus expertos, los metió en una habitación y les propuso el reto de redactar una respuesta que no fuera falsa pero que no revelara ningún dato… En otras palabras: Contestar, sin mentir y sin comprometer la seguridad del Estado.

El producto de aquella reunión se conoce como “Glomar Response” y en su redacción original dice, literalmente, lo siguiente:

We can neither confirm nor deny the existence (or not existence) of the information requested but, hypothetically, if such data were to exist, the subject matter would be classified, and could not be disclosed

(“No podemos confirmar ni desmentir la existencia (o no existencia) de la información requerida pero, hipotéticamente, si dichos datos existieran, el objeto de esa materia está clasificado y no puede ser revelado”)

Fue la primera vez que se utilizó esta fórmula de respuesta y… ¿Sabéis cuánto duró aquella reunión de la CIA que la redactó?… ¡30 minutos!

En aquella escasa media hora, los expertos redactaron una de las mayores torturas que han tenido jamás periodistas, abogados y ciudadanos de todo el mundo.

Pero si estáis pensando que aquella primera Glomar Response dejó insatisfechos (y previsiblemente mosqueados) a todos los periodistas presentes en aquella conferencia de prensa de 1975… estáis en lo cierto.

La Glomal Response fue llevada a los Tribunales por considerarla una infracción de la FOIA, pero los jueces la ratificaron como válida argumentando que en ocasiones y frente a determinadas materias sujetas a secreto oficial, la seguridad del Estados prevalece sobre el Act of Freedom.

Lo increíble es que esa respuesta tipo de la CIA se hizo tan popular que comenzó a ser utilizada por otras administraciones… Hacienda, Administraciones Públicas, Asuntos Exteriores, Sanidad. Incluso llegó a otros países que también la adoptaron y la han utilizado hasta convertirla en una respuesta tipo para preguntas incómodas.

Casi 40 años después podéis encontrarla en infinidad de situaciones. Se ha utilizado en el Cine, en la televisión y las series, incluso muchos famosos se la conocen casi de memoria para hacer frente a la prensa rosa y los rumores sobre su vida… Sin saber, probablemente, la fascinante historia que tiene detrás.

La operación Azorian desclasificada (2010)

En 2010 el Gobierno de Estados Unidos desclasificó algunas partes de la operación Azorian, aunque muchos detalles aún hoy continúan siendo secretos… Si les preguntas sobre ellos te responderán de la manera que seguro estás imaginando…

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Más información y referencias:

Además de los enlaces del texto, os vuelvo a recomendar el podcast de Radiolab donde Robert y Jad ofrecen las mejores y más alucinantes historias que podréis escuchar. Son la caña y por supuesto han sido una gran influencia en el proyecto de podcast que Aberron y yo hemos estrenado estos días: Catástrofe Ultravioleta Podcast.

Archivado en la sección: Los artículos de la Aldea.


5 Comentarios

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AnonymousAnonymous

Bueno, la Constitución española también reconoce el derecho de petición, por el que un ciudadano también puede pedir lo que quiera a las administraciones públicas, eso si, salvo pretensiones claramente fuera de fundamento. Es decir, si un ciudadano pide lo de la Estrella de la Muerte, pues no se le contesta, y en paz.
El derecho de petición en España ¿funciona?, pues según administraciones, o incluso según departamentos, pero se responde más de lo que se piensa. Eso si, en general, no en el plazo previsto

Juan Ignacio Rodríguez de León

Esas coletillas de tipo “contestamos todo…salvo pretensiones claramente fuera de fundamento”, son la marca de fábrica de las leyes española. ¿Y quien decide que está fuera de fundamento o no? El que contenta. ATPC la pregunta. #MarcaEspaña a tope.

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