La conquista sin mérito del Paso del Noroeste

En un mundo globalizado en el que las telecomunicaciones han alcanzado la máxima rapidez que permiten las leyes de la física, en el que un mensaje viaja a la velocidad de la luz con solo darle a un botón y en el que se tarda más tiempo en escribir un texto que en recibirlo a miles de kilómetros de distancia, se hace difícil comprender la extraña motivación de aquellos aventureros de siglos pasados al arriesgar su vida en busca de nuevas vías de comunicación.

Cuando uno tiene al alcance de su mano coger un avión y volar en un par de horas a lugares a los que, hace no tanto, se tardaban años en llegar, es natural que pierda algo de perspectiva al juzgar las penalidades por las que pasaron los antiguos exploradores, las condiciones extremas a las que se enfrentaron para conseguir pasos de navegación, rutas más rápidas y seguras o simplemente por plantar por primera vez un pie humano en lugares inexplorados.

Una de las más duras, dramáticas y épicas búsquedas de nuevas rutas navegables fue la realizada durante siglos en las heladas aguas del Paso del Noroeste. Una feroz lucha contra gigantes de hielo que impedían el inexorable avance de la modernidad.

Unir por mar los dos grandes océanos, el Pacífico y el Atlántico, fue “el Dorado” de muchos navegantes de los últimos quinientos años que, en su afán de conectar el mundo, lucharon contra los elementos dejándose, en la mayoría de las ocasiones, la piel en el empeño.

El 19 de Mayo de 1845 partía de Inglaterra la que estaba destinada a convertirse en la expedición definitiva en la búsqueda del Paso del Noroeste. Una misión que contaba con dos de los más avanzados navíos de la época, el HMS Erebus y el HMS Terror; unas embarcaciones cuyas hazañas en la Antártida habían conseguido llevar el pabellón británico a ondear en las más inhóspitas tierras del planeta y de los que se esperaba un nuevo éxito en su nueva travesía por aguas árticas.

Una curtida tripulación de 135 hombres, al mando del experimentado Sir John Franklin, se disponía a encontrar y atravesar el infierno azul y blanco de moles heladas, el monstruo destroza barcos, el gélido laberinto de banquisas… ninguno de aquellos hombres volvería con vida.

Inglaterra entera estaba atenta a las noticias de los dos barcos, pero a cambio de su espera, tan sólo recibieron silencio. La expedición de Franklin encontró la muerte en el Paso del Noroeste y durante años, nada se supo de aquellos hombres.

Grabado del Erebus y el Terror atrapados en el hielo

Se organizaron múltiples expediciones para encontrar una respuesta al enigma del Erebus y el Terror. En los siguientes años, hasta quince navíos participaron en la búsqueda de la expedición perdida de Franklin y la mayoría terminaron también encallados en los hielos del norte.

Sin embargo, inesperadamente, fue una de aquellas misiones de búsqueda, la del comandante Robert McClure y el HMS Investigator, quien finalmente logró encontrar el ansiado Paso del Noroeste.

Al igual que el desafortunado Franklin, los tripulantes del Investigator quedaron atascados entre el hielo. Durante cuatro años lucharon contra las crudas condiciones de aquellas latitudes, soportando estoicos el frío, el hambre, la enfermedad y la muerte, con la única diferencia de que, casi al final de sus fuerzas, se encontraron con otra expedición que les proporcionó trineos para atravesar el paso.

HMS Investigator encallado en la banquisa ártica

Robert McClure y los hombres del Investigator, entre barcos encallados y largas caminatas en trineo, tuvieron que sufrir cuatro duros inviernos de gélidos vientos, crujir de cubiertas, paredes de hielo, escorbuto y hambre para conseguir cruzar el Paso del Noroeste. No es algo que hoy en día podamos imaginar fácilmente.

En septiembre de 1854 regresaron triunfantes a Inglaterra después de haber derrotado a los gélidos monstruos de la historia y haber encontrado y atravesado el ansiado Paso del Noroeste. Aquello fue una conquista, aquello tuvo mérito.

Imagen Earth Observatory NASA | Paso del Noroeste libre de hielos, sept 2007

En el año 2007, siglo y medio después del triunfo y conquista de McClure sobre los hielos árticos, y también durante el mes de septiembre, el Paso del Noroeste volvía a las portadas de todos los periódicos, aunque por razones bien distintas. Por primera vez desde que la humanidad lleva registros, el Paso del Noroeste quedaba libre de hielos y se abría a la navegación.

Ruta amarilla totalmente abierta. Ruta azul parcialmente abierta | ESA, 2007.

Las paredes de hielos imposibles, las banquisas interminables, los marinos sin tumba, las jornadas caminando a ciegas, los navíos aplastados, las conquistas y las derrotas. El enfrentamiento contra el Paso del Noroeste nos queda lejos, atrás en el tiempo, diluido como sus nieves, conquistado por el calentamiento global, un protagonista poco romántico comparado con sus anteriores adversarios

Y llegamos a nuestros días.

Hace apenas unas semanas, el 26 de agosto de 2011, el Paso del Noroeste volvía a sucumbir, y sus cada vez más frágiles hielos se abrían por segunda vez en la historia.

La Agencia Espacial Europea (ESA) mostraba imágenes tomadas desde el satélite Envisat en las que ya se mostraba libre de hielos al menos una vía a través del Paso. La temible travesía se vuelve a abrir, libre de hielos, navegable y expedita por segunda vez en cuatro años.

Sólo algunos medios se hacían eco de la noticia. Quizá es que las segundas veces carecen del interés de las primeras, o quizá es que, en vista de lo que se nos avecina, tendremos que acostumbrarnos a un Paso del Noroeste navegable y libre de hielos.

Extensión del hielo ártico durante los últimos 10 años | IARC-JAXA

La tendencia durante los últimos tiempos es clara. La extensión del hielo cada vez es menos extensa y más frágil y, de continuar así, en los próximos años posiblemente tendremos una puerta abierta más entre el Atlántico y el Pacífico, una ruta estable y libre de hielos… el cambio climático habrá conquistado el Paso del Noroeste. Una conquista lograda sin mérito, pero con igual o mayor riesgo… el tiempo lo dirá.

Éste artículo corresponde a la sección “Desde la cubierta del Beagle“, mi colaboración semanal con el periódico Diario de Avisos y su sección de ciencia Principia.


7 Comentarios

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Camarada Bakunin

Aunque The Terror, de Dan Simmons, sea una novela fantástica, transmite muy bien el ambiente opresivo dentro de los barcos atrapados en el hielo y las penurias a las que se tuvieron que enfrentar esos hombres hasta que perecieran todos.

AnonymousAnonymous

¿Y los barcos alli encallados siguen, los retiraron o desencallaron al descongelarse el paso?

Spuas

Es curioso leer justo hoy esta entrada ya que antes de ayer empecé a leer “El peor viaje del mundo” que habla de la expedición de Scott al Polo Sur.

En el prólogo se cuentan, entre otras, las expediciones que mencionas en el post. Desde luego el mérito de hoy en día es inexistente al lado de los valientes hombres que se lanzaban a gélidas tierras con el simple objeto de conocer e investigar. De lo que más sorprende de estas historias es la capacidad de supervivencia ante lo que parece una muerte segura… increíble sin duda.

Josepzin

Todo un tema, logros que en otra época fueron mision casi imposible hoy las valoramos realmente poco en nuestro día a día.

Muy bueno ese video del casco del HMS Investigator. Nunca pensé que podría estar tan bien conservado.

AnonymousAnonymous

El último libro de Javier Reverte trata precisamente sobre la historia del paso del Noroeste. Absolutamente recomendable.

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