Cojoncio existe… o ha existido

La madre de Cojoncio Alba se horrorizaba cada vez que pensaba que el nombre de su hijo venía de una apuesta.

Y es que el padre -que era muy bruto- se jugó una cena con los amigos a que llamaba Cojoncio al pobre niño… y ganó el envite.

Cojoncio Alba es el nombre con el que el escritor Camilo José Cela bautizó humorísticamente a uno de los personajes que aparecen en su novela “La Colmena” junto a otros como Tesifonte Ovejero o Pito Tiñoso.

Pero más allá de los personajes de ficción de Cela, el insólito nombre de Cojoncio ni aparece en el Santoral ni desde luego es nada habitual.

Sin embargo, gracias a otro grande de nuestras letras, en este caso Rafael Alberti, nos enteramos de que realmente el nombre existe… o existió al menos.

Efectivamente, en un pasaje del libro “La arboleda perdida” (autobiografía de Rafael Alberti) nuestro poeta relata un curioso descubrimiento respecto al nombre Cojoncio (página 124 de Scribd), hecho durante una breve excursión con Carlos Gardel por tierras palentinas:

“Con él (con Carlos Gardel) salimos aquella misma madrugada para Palencia. Una breve excursión, amable, divertida. (…)

Nuestro recorrido por las calles de la ciudad fue estrepitoso. Los nombres de los propietarios de las tiendas nos fascinaron. Nombres rudos, primitivos, del martirologio romano y visigótico. Leíamos con delectación, sin poder reprimir la carcajada: “Pasamanería de Hubilibrordo González”; “Café de Genciano Gómez”;”Almacén de Eutimio Bustamante”; y éste sobre todos: “Repuestos de Cojoncio Pérez”. Un viaje feliz, veloz, inolvidable.

Meses después, ya en Madrid, recibí una tarjeta de Gardel fechada en Buenos Aires. Me enviaba, con un gran abrazo, sus mejores recuerdos para Cojoncio Pérez.

Como a mí era lo que más le había impresionado de Palencia.”

Así pues realmente existe, o existió al menos, un tal Cojoncio Pérez…

… y también existieron unos padres con bastante mal gusto.

Música del Post | Bright Eyes

Más información en Revista Carrollia nº 56, marzo de 1998.

—————————- Artículo realizado por Guillermo

7 Comentarios

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Rober

Buenas.

Pues no sé si se tratará del mismo Cojoncio pero mi padre conoció a uno en persona. Cómo olvidar la vez que hablando de nombres raros y/o graciosos nos salió con semejante perla; un clásico desde entonces.

Por si os pudiera interesar, el pueblo en cuestión (eran del mismo si no me equivoco) es Saldaña, efectivamente, provincia de Palencia.

Tengo que enterarme de si el susodicho montó un taller…

Pues nada, gracias por darme moral para afrontar las matemáticas que me esperan, jajaja.

PD: Aunque pudiera pensarse lo contrario, mi padre tiene un nombre normal 😀

numismatico

Ya estamos metiéndonos con los nombres tradicionales…

cada vez que escucho en la radio o en cualquier sitio hablar de nombres raros siempre se habla de la provincia de Palencia y acaban saliendo nombres que para mí son lo más normal del mundo porque la gente de mi pueblo se llamaba así. Vamos, que mis amigos del pueblo tienen abuelos con esos nombres, por ejemplo, Eutimio.

En mi pueblo no hay ningún Cojoncio, pero sí que hubo uno que murió hace poco en Cubillas, un pueblo en el sur de Palencia, muy cerca del mío.

Atilano, Ninfodoro, Gumersinda, Restituto… todos son antepasados míos.

pasapues

Pues aqui en Zaragoza conozco un respetable librero de nombre Eutimio y un gerente llamado Gumersindo, solo la incultura o el desconocimiento los puede tildar de raros. Vulgares o devaluados son Antonio, María o Jose y ahora Jonatan o Belen.

Vito

Yo también conozco un Cojoncio, profesor de Matemáticas en un instituto de Salamanca, es un nombre que se sale de lo normal pero es más común de lo que pensamos

Rafel

Efectivamente, como bien dices, hay padres con muy mal gusto, pero en el caso que nos ocupa, son los otros “padres” los culpables en muchos casos.
Hace años, los curas de ciertos pueblos, viendo que algunos nombres, ya imaginaréis cuales, estaban desapareciendo por motivos obvios, adquirieron la potestad de decidir el nombre de la criatura, evitando así que el santoral no fuese inútil.
Y otro motivo era la obligación, si o si, de bautizar a la criatura con el nombre del santo o santa del dia…
Saludos

mondomedico

No sé qué es peor, si ponerle Cojoncio al niño o Kevin Costner Jesús, como leí en un periódico que pusieron a un niño. O un chico de mi ciudad, apellidado Ajo, al que el padre le puso de nombre Oscar y los profesores no sabían de qué manera llamarle al pasar lista. Con los nombres hay que tener cuidado, que los carga el diablo.

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