¿Era un buen muchacho o sólo quería humillar a su rival? (1928)

Durante una carrera de cuartos de final de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, celebrados en 1928, el australiano Bobby Pearce (1905-1976), considerado por muchos como uno de los mejores remeros individuales de la Historia, se tuvo que enfrentar a un sorprendente e inesperado desafío causado, no por sus rivales, ni por la climatología, ni por la dureza de la carrera, sino… por una flotilla de patos.

La curiosa anécdota ha sido recogida en sus biografías y en multitud de anuarios olímpicos.

Bobby Pearse (1928) | Fuente | Dominio Público
Como decía, nos encontramos en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam de 1928, en los cuartos de final de scull individual (bote con dos remos). Bobby Pearce se enfrentaba al francés Victor Saurin y la carrera se disputaba por los canales de la capital holandesa.

El francés tomó la iniciativa, pero Pearce lo alcanzó y superó rápidamente, encontrándose al poco tiempo con una cómoda ventaja (cerca de 100 metros sobre su rival).

Pearce acariciaba la victoria y, sin bajar el ritmo, disfrutaba de su “paseo” por los canales. Escuchaba los gritos de los neerlandeses (niños y mayores) que se agolpaban en la orilla.

Sin duda -pensó- eran gritos de ánimo y expectación ante la brillante carrera que estaba protagonizando…

…. pero no, no le estaban animando a él, sino que le estaban pidiendo que se detuviera (???)

Pearce se percató que estaban avisándole que una madre pato y su flotilla de crías cruzaban el canal a un centenar de metros de él, y el impacto era inminente.

Bobby Pearce detuvo su embarcación en seco (todo lo seco que se puede detener en el agua) permitiendo que los animalillos cruzaran sanos y salvos por delante de su canoa.

La imagen era un tanto absurda y surrealista: Pearce parado (a pocos cientos de metros de la meta) cediendo el paso a unos patos que cruzaban el canal y Saurín (el francés) sin entender lo que estaba pasando, completamente extenuado por el esfuerzo y casi sin respiración, recuperando distancia y adelantando al australiano.

Pearce, levantó de nuevo los remos y ayudado por su gran potencia muscular volvió a emprender la carrera, alcanzando de nuevo a Saurín y ganando la eliminatoria cómodamente.

Bobby Pearse (1928) | Fuente | Dominio Público
El gesto de detenerse ante los patos le valió el respeto (aún más) de sus compañeros, la admiración de todo el mundo y le alzó como el deportista favorito de los niños holandeses.

Tras disputar la final, Bobby Pearce se hizo con la medalla de oro de aquellos Juegos Olímpicos, derrotando al americano Kenneth Myers por un gran margen de 9,8 segundos, estableciendo un nuevo récord.

Cuatro años después, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1932, volvió a vencer, convirtiéndose en el primer remero que ganó dos veces la medalla de oro de scull individual.

Bueno, hasta aquí la anécdota, un tanto surrealista pero real.
Sobre ella, muchos años después, su hijo afirmó: “Mi padre era simpático y humano, pero también extremadamente competitivo. Si esa carrera hubiera estado más complicada, habría enfilado directamente a través de los patos”

Entonces, yo me pregunto: ¿Hizo esto Bobby Pearce porque era un buen muchacho? ¿o simplemente porque quería humillar a su desventurado rival francés?

Hoy voy a ser bien pensado y optaré por lo primero… aunque con un buen puñado de lo segundo…

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Artículo realizado por Guillermo

Fuentes y más información en los enlaces del propio texto



Por Guillermo
Publicado el ⌚ 21 noviembre, 2009
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