Un rock ‘n roll para el nazi que presidió la ONU… Nuestro representante ante el Universo y los extraterrestres

En 1936, la voz de Adolf Hitler, inaugurando los Juegos Olímpicos, volaba desde Berlín en forma de ondas radiofónicas hacia la estrella Vega, convirtiéndose así en el primer embajador del Planeta Tierra ante una civilización de extraterrestres…

La ironía que el maestro Carl Sagan nos regalaba en su novela Contact, me sirve hoy de excusa para recordame que la ficción y la realidad, en muchas ocasiones, viajan cogidas de la mano.

Kurt Waldheim nació en Austria a finales de 1918 y, durante la Segunda Guerra Mundial, llegó a convertirse en un oficial de mando en el ejército nazi destinado en el frente de los Balcanes.

Al finalizar el conflicto, Waldheim fue acusado y juzgado por crímenes de guerra pero, al contrario que su inmediato superior, el general Loehr, el hábil Waldheim no acabó balanceando sus pies al silencioso ritmo de la horca… el destino le tenía preparados mayores retos y el austriaco no fue condenado.

Se convirtió en diplomático, una tarea que se ajustaba a su escurridiza figura como un traje a medida… un traje tejido con finos hilos de ambición, astucia y secretos sin revelar.

En 1971, Austria lo rechazó como Presidente y sin embargo, terminó vigilando el mundo… Secretario General de Naciones Unidas… Un cargo vacío de efectividad, pero sonoro, simbólico…

Mientras tanto, al otro lado del mundo, Sagan ponía su imaginación a disposición de la NASA y la Voyager inició su aventura. Millones de kilómetros se abrían ante ella, alejándose del pequeño punto azul rumbo a los profundos mares del Cosmos.

Pero quiso la Ciencia depositar un toque de humanidad en esta misión… un trocito de nuestra vida en el planeta y a bordo de la Voyager, se depositó un disco de oro, con mensajes de presentación ante la remota casualidad de vecinos siderales.

Con el himno de la alegría, compuesto por otro germano bien distinto, los discursos de Jimmy Carter como Presidente de los Estados Unidos y de Kurt Waldheim, como representante de la más absoluta de las ironías humanas, viajan en estos momentos más allá del sistema solar.

En 1986, los periódicos revelaban una verdad sospechada durante años: Waldheim tenía secretos que había tergiversado… El asunto se tituló “Waldheim affair“, como si de un pequeño escándalo de faldas se tratase.

Su colaboración en crímenes de guerra volvía a las portadas, mientras que, arropado con una sonrisa hipócrita, afirmaba que no hizo nada… que no sabía nada… que no vió nada… que ni siquiera estuvo allí.

El mundo le daba la espalda… Nadie se ponía al teléfono y ya no era bien recibido. Muchos países le prohibieron la entrada y en medio planeta se le consideraba persona non grata, a la espera de una condena que, a la postre, jamás llegaría.

Pero Waldheim, el oficial de guerra y sus secretos, encontraron un hombro amigo en un pequeño Estado, un curioso País con otro dirigente simbólico al que no pareció importarle su pasado.

Las Visitas al Vaticano se sucedieron por aquellos años… Juan Pablo II se reunía, charlaba y paseaba junto a aquella pieza desperdigada del ejército que un día fue martillo de su Polonia natal… y, una vez más, la Historia y la realidad superaban a la ficción, convirtiéndose en retorcida sátira… en música… en rock and roll.

Buenas tardes Mister Waldheim… Pontífice… ¿Qué tal están ustedes?… ¿Hablando del interés común?… claro, tienen tantas cosas que compartir…

Echadle un vistazo a la letra, mientras la escucháis…

Lou Reed también era martillo, una voz con un mensaje contundente como la memoria callada de Waldheim… aunque siempre pensó que aquel interés común nunca nos incluiría ni a ti, ni a mí.

Sagan, el Papa, la Voyager, Hitler, Beethoven, Waldheim… todos revueltos en el cambalache de la noria humana, en la contradictoria Historia de la Humanidad y rumbo a las estrellas, bajo el rasgueo insolente y descarado de una fender stratocaster.

Waldheim murió en 2007, llevándose a la tumba sus actos, sus secretos, sus silencios y sus verdades de mentira… Entre la alegría de muchos, dejó al mundo con la certeza de que se iba sabiendo más de lo que jamás dijo, y que lo que poco que nos dijo, no era cierto…

Mientras… su voz se aleja en el inmenso océano del Universo a la incierta espera de un encuentro alienígena al que hablarle… ¿Quién dijo que la ficción superaba a la realidad?


3 Comentarios

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AnonymousAnonymous

Un artículo lleno de detalles que leer con calma. Enhorabuena, muy interesante.

AnonymousAnonymous

Literatura, ciencia, cine, música, política, religión, historia, todo unido en uno de los articulos más elaborados e interesantes que he leido en mucho tiempo.

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