Un juicio inusual: los propios jueces fueron a la cárcel

Si los miembros de un jurado popular de hoy en día escucharan estas palabras del Juez que preside la Sala, seguro que quedarían perplejos:

“Les ordeno deliberar de nuevo, sin agua, sin comida, sin luz, sin calor y sin tabaco, hasta llegar a otro veredicto”

Eso es lo que ocurrió en 1670, en Inglaterra, en el juicio a William Penn.

Eso y mucho más:

El 8 de septiembre de 1670, William Penn (a la postre fundador del Estado de Pennsylvania, como indica su nombre) fue juzgado, acusado de sedición a la Corona inglesa.

El crimen que se le imputaba era rezar y predicar en público sus creencias cuáqueras a otras personas en la Iglesia de Grace Street, en Londres, violando así la “Ley de Coventicle”, que prohibía cualquier “reunión tumultuosa” (más de cinco personas) fuera de la Iglesia de Inglaterra (Anglicana).

Si se le declaraba culpable, William Penn sería ejecutado.

Doce hombres de la “City” de Londres fueron seleccionados como miembros del jurado. Dirigían el Tribunal diez jueces, siendo el Presidente el “Lord Mayor” de Londres.

Los jueces pensaban que el juicio sería un caso rápido y sin mayor problema.

Pero el sectarismo del Presidente del Tribunal, empeñado en condenar Penn y a sus correligionarios, no pudo impedir la brillante defensa de éste, que invocó ante el jurado los principios de la Carta Magna de 1215.

Ante su excelente defensa, el Presidente llegó a ordenar que Penn y los suyos fueran retirados del juicio y éste prosiguiera sin ellos, quebrando así el derecho a defenderse.

A pesar de ello, el jurado emitió veredicto proclamando que William Penn sólo era culpable de rezar en la Iglesia de Grace Street, conducta no ilícita que hacía imposible condenarle.

El Presidente del Tribunal, iracundo y furioso, amenazó al jurado y le ordenó deliberar de nuevo, sin agua, sin comida, sin luz, sin calor y sin tabaco, hasta encontrar un veredicto que fuera aceptable por el Tribunal (evidentemente, un veredicto de culpabilidad)

Dos días pasaron y no cambiaron de opinión. Los miembros del jurado fueron multados y encarcelados en la prisión de Newgate.

Cuatro de ellos se mantuvieron firmes. Los otros ocho cedieron a las exigencias de la Corte y fueron liberados. Pasadas nueve semanas, las condiciones físicas y la salud de los prisioneros de Newgate eran deplorables.

La publicidad que alcanzó el caso hizo que la Corte Suprema de Inglaterra se involucrara, dictando un Auto de Habeas Corpus que liberó al resto de los miembros del jurado.

Desde entonces, gracias al caso William Penn, se reforzó jurídicamente la regla de que multar, encarcelar o castigar de cualquier forma a los miembros de un jurado en el ejercicio de sus obligaciones es arbitrario e ilegal.

Fuentes: Awesome Stories / Wikipedia / Derecho Político español según la Constitución de 1978 (Oscar Alzaga, Ignacio Gutiérrez y Jorge Rodríguez) Tercera edición, 2002, Págs. 588 y 589.

6 Comentarios

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fernando

Muy buen post. Me ha encantado esta historia. Ha servido de ejemplo para posteriores casos judiciales. Al final, no se pudo cometer tamaña injusticia. Un abrazo.

guillermo

Gracias por los comentarios y la visita.
La verdad es que dejarles además sin tabaco… ¡eso sí que es un castigo! … y también debería ser ilegal !! jajaja

Saludos

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