Consejos de seducción de hace 2000 años

ars-amandi“Para seducir a una mujer, ve siempre aseado. Que tus palabras sean suaves y tu tono de voz modulado. Los cabellos bien arreglados, que no caigan en mechones ni la barba que erice el rostro. No lleves las uñas largas ni sucias y que no asomen pelos por las ventanillas de la nariz. Y es muy importante que tu boca tenga buen aliento y no recuerde el fétido olor del macho cabrío.”

“Ars Amandi”, publicada en el año 8 d.C., es el primer manual conocido de seducción. Fue escrito por Ovidio (43 a.C-17 d.C), y es considerado un clásico de la literatura galante.

“También son provechosas las lágrimas, capaces de ablandar al diamante: si te es posible, que vea húmedas tus mejillas, y si te faltan las lágrimas, porque no siempre acuden al tenor de nuestros deseos, restriégate los ojos con los dedos mojados. ¿Qué pretendiente listo no sabe ayudar con los besos las palabras sugestivas?”

Vistos desde hoy en día, muchos de sus consejos son ingenuos, otros atrevidos y sugerentes.

“Promete. Sí. Promete siempre y mucho, que prometer no arruina a nadie. Ten en cuenta que si regalas algo a tu amante antes de haberla poseído, es muy fácil que te quedes sin regalo y sin amante.”

Los dos primeros libros o cantos se dirigen a los hombres, para la conquista de las mujeres, y el último a las mujeres.

“Las jóvenes aprenden el arte de reír, que presta gran auxilio a la beldad; entreabre ligeramente la boca, de modo que dos lindos hoyuelos se marquen en tus mejillas, y el labio inferior oculte la extremidad de los dientes superiores. Evita las risas continuas y estruendosas, y que suenen en nuestros oídos las tuyas con un no sé qué de dulce y femenino”

El poeta se presenta a sí mismo como un “peritus amoris”, con un cierto “autobombo”.

“Pedid al rico valiosos presentes y no rechacéis al jurisconsulto que con su elocuencia defiende vuestra causa. Los que componemos versos, solamente versos podemos enviar; pero sabemos amar como ninguno y cubrimos de gloria el nombre de la que supo conquistarnos.”

La idea y práctica del amor se regían por la libido. Por un objetivo o una meta, como es cobrar la pieza de caza y satisfacer en ella el afán de victoria, y su código era el “Ars Amandi”. La obra tuvo un gran éxito, que perduró hasta finales de S.XI.

“Mientras seas libre aprovecha el instante idóneo para decir a tu elegida: solo me gustas tú. Las mujeres no caen del cielo. Tú mismo la tienes que buscar. Sé obsequioso y amable.” “El placer más seguro es el menos placentero.” “Ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que muere de sed.” “En el amor no basta atacar, hay que tomar la plaza.”

Pero durante el siglo XII, influido por las ideas coetáneas de la caballería y del feudalismo, aparece el llamado “amor cortés”. Aquí el amante se mantendrá en un “estado de amor permanente”, de servidor humilde y fiel de la mujer amada.

La literatura sobre la tradición del “amor cortés” incluye obras como “Lancelot”, del poeta francés del siglo XII Chrétien de Troyes, “Tristán e Isolda” (1210), de Gottfried von Strassburg, o los romances relativos a la leyenda del rey Arturo.

Aquí os dejo el texto completo de “Ars Amandi”, por si queréis conocer algún otro “consejo de seducción”.


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