Lavarse las manos, una obstinación que salvó muchas vidas

Vuelven a la Aldea los Personajes Irreductibles. En esta ocasión con una historia de intuición, dedicación y obstinación alrededor de una idea que, a la postre, ha salvado infinidad de vidas humanas. Una historia con un triste final digno de auténticos héroes: el sacrificio de la propia vida en favor de la de los demás.

Hacia 1840, Ignaz Semmelweis (1818-1865), estudiante húngaro de medicina, trabajaba en la clínica ginecológica más importante de Viena. Allí observó que casi una de cada tres madres moría al dar a luz, víctimas de unas extrañas fiebres llamadas “fiebres puerperales”.

Por aquel entonces, las damas de buena posición alumbraban en sus hogares y el porcentaje de afectadas por dichas fiebres era prácticamente nulo. En consecuencia, solo las mujeres más humildes (aquellas que acudían a dar a luz a los hospitales) las padecían.

Descubrir la causa de las fiebres se convirtió en una obsesión para él.

Semmelweis se dio cuenta que estas fiebres eran transmitidas por los propios médicos, que atendían a las parturientas justo después de haber estado en la sala de cadáveres (asistiendo a clases de disección) sin siquiera lavarse las manos. De esta forma, los médicos portaban algún tipo de infección de una sala a otra.

En 1857 escribió sus conclusiones, que no fueron publicadas hasta 1861, y solicitó un permiso en el hospital para que, simplemente, se instalaran unos lavabos y todos los profesionales que atendieran a las parturientas se lavaran antes las manos con agua y jabón o en una solución con agua de cloro y desinfectante. Algo tan sencillo evitaría la muerte de muchas madres.

Pero su descubrimiento chocó con los prejuicios de la sociedad médica de la época. Sus recomendaciones son ignoradas deliberadamente e incluso se adoptan medidas contrarias por parte de algunos médicos enemistados con él. Los médicos estaban ofendidos e indignados: ¡quién era él para decirles que debían lavarse las manos! ¡Menuda idea digna de un loco!

El desprecio de sus colegas y su impotencia para hacerles comprender el beneficio de sus simples medidas sanitarias le afectó tanto que su mente se fue trastornando poco a poco.

No obstante, durante sus periodos de lucidez volvió a Hungría e instaló allí su propia clínica, donde aplicó, con gran éxito, las medidas higiénicas: ninguna mujer contrajo la temida enfermedad.

Semmelweis quiso demostrar hasta su muerte que su tesis era cierta.

Y a fe que lo hizo: un día, tras practicar una autopsia, se cortó adrede en un dedo con el bisturí. Poco después moría víctima de la enfermedad contra la que había luchado toda su vida, pero con la esperanza de que ello convencería definitivamente a la comunidad médica de la necesidad de adoptar medidas higiénicas en las intervenciones quirúrgicas.

Finalmente, años después, y tras publicarse los estudios de Louis Pasteur sobre los microbios, sus tesis fueron aceptadas, así como el concepto de limpieza y asepsia como remedio para evitar las infecciones, que causaban más muertes que las propias enfermedades y heridas.

Así y aunque parezca increíble, medidas higiénicas contra las infecciones (que hoy en día nos resultan tan cotidianas en cualquier hospital) tales como lavarse las manos, el uso de batas blancas (en las que es posible detectar enseguida cualquier tipo de suciedad), hervir los instrumentos quirúrgicos, o el uso de gasas escrupulosamente limpias, no fueron formalmente adoptadas hasta la segunda mitad del siglo XIX.

Y gran parte del mérito se lo debemos a la sabia intuición, estudio, obstinación y sacrificio del buen doctor Ignaz Philipp Semmelweis.

En la sección la Aventura de la Historia puedes encontrar más Personajes Irreductibles

10 Comentarios

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Fonsito

Caray, lo había leído hace años y pensaba que había sido en el XVIII, pero bueno, como en auel tiempo también pensaban que el cerebro era sólo el encargado de transformar el aire en sangre…

AnonymousAnonymous

El problema no estaba en las ideas de las que se partieran, sino el negarse en redondo a revisarlas por no aceptar la posibilidad de que las propias ideas estuvieran equivocadas y, por contra, otro tuviera razón. La ciencia siempre ha estado llena de gentuza.

Tall & Cute

Uno de los mejores artículos que he leído en bastante tiempo. Es curioso como choca la actuación de los médicos con la actual política de limpieza absoluta. Es el simple desconocimiento sumado a la terquedad que unos más que otros tenemos. No está de más aprender la lección para cuando nos enfrentemos a futuros problemas.

AnonymousAnonymous

Hay un dato curioso en esta historia, y es que en hospital, habían dos partes: una que era atendida por médicos, que llegaban a los partos tras las autopsias y sin lavarse las manos, y otra atendida por matronas, que sí se lavaban las manos para atender a las madres. Es ahí donde se dio cuenta de que la enfermedad venía de la falta de higiene de los médicos.

HéctorHéctor

sssUna cosa tan sencilla, y que puede salvar tantas vidas. Y lo que cuesta a veces darse cuenta de muchas cosas, aparentemente tan simples una vez conocidas. ¡Buen post!

senovilla

La verdad que desde que estoy en la blogosfera y visitando lugares como este, estoy aprendiendo mucho más de historia que en mi época estudiantil.

Guillermo, que decirte amigo, eres un As.

Saludos

FerGEFerGE

Saludos, soy asiduo de tu blog aunque es la primera vez que comento.

He visto en otro blog (Zooglea, no sé si poner la dirección es spam) un post relacionado con esto sobre un reciente estudio que afirma que la higiene, sobre todo las manos, es la primera y la mas importante barrera para prevenir el contagio de enfermedades… ¡incluso que es menos contagioso saludarse dándose un beso que dándose la mano! (Supongo, claro, partiendo de la base de una adecuada higiene bucal).

Una breve explicación del estudio (en inglés) está en esta página http://www.eurekalert.org/pub_releas...d121907.php

Un gran abrazo.

Irreductible

Hola FerGe, me alegro de que te animaras a comentar y a enviar el enlace… Muy interesante:

We’ve all heard people say ‘I won’t kiss you, I’ve got a cold’. But a report just published warns that we may be far more at risk of passing on an infection by shaking someone’s hand than in sharing a kiss.

Pues nada… a besar se ha dicho :=)

AnonymousAnonymous

Increíble, se dejó la vida por demostrar su tésis
Que maestro, definitivamente, no hay gente así en cualquier parte.

3 Trackbacks

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