Historias de viajeros

PERSONAJES IRREDUCTIBLES

LOS VIAJES DE MANDEVILLE Y DE MARCO POLO: VERDADES A MEDIAS

Todas las mañanas, a eso de las 10, hora de Canarias, abro mi correo y me dispongo a ver los mails que me envian los amigos de siempre, los bloggers, los formularios, los comentarios en la Aldea… y todas las mañanas, miro a ver si ha llegado algo nuevo de Guillermo…

Bueno, pues cuando recibo uno de estos mails, no hay mucho que decidir… el primero que abro es el suyo… y si en el encabezado me anuncia un nuevo personaje… mejor aún…

Hoy vamos a viajar por tierras lejanas y asombrosas… Mitad reales, mitad imaginadas y soñadas… y lo haremos acompañando a dos viajeros legendarios… Sir John Mandeville y Marco Polo…

Estoy seguro que mucha gente está descubriendo otra forma de Historia con estos Personajes Irreductibles… yo al menos lo hago cada vez que Guillermo me envía uno de sus Personajes… Todo un Irreductible al que desde la Aldea, felicito por ese tercer “descubrimiento” que ha tenido durante estas vacaciones… Felicidades :)

LOS VIAJES DE MANDEVILLE Y MARCO POLO

En la Baja Edad Media Europea, alrededor del año 1371, aparece el primer manuscrito de un libro de viajes en el que se describe, en primera persona, el viaje de un caballero inglés que en 1322 viajó a Tierra Santa, Asia Menor y Central, India, China, las Islas del Océano Índico, el norte de África, Libia y Etiopía.

El libro se titulaba “Los viajes de Sir John Mandeville” y, enmarcando todo en una aventura caballeresca, repartía perfectas referencias históricas, descripciones e indicaciones exactas de áreas geográficas y de ciudades como Constantinopla, Jerusalén, Quinsay, Nankin o Cambalic, a la vez que relataba fábulas, leyendas e historias fantásticas de seres extraños que habitaban en tierras lejanas. Así, aseguraba haberse encontrado con peculiares seres como los Panoti, que tenían unas orejas tan grandes que les servían de abrigo; los Scípodos, aquellos que tienen un único y grandísimo pie, o los Atomi, habitantes de la isla de Picán, que carecían de boca y vivían del olor de las manzanas.

También hablaba de un pueblo del tamaño de los pigmeos y cuyas bocas eran tan pequeñas que tenían que chupar todos los alimentos a través de cañas, de seres con ojos en los hombros, de salvajes con cuernos y pezuñas, de habitantes con cuerpos humanos y cabezas de perros, de plantas cuyos frutos eran corderos……

El de Mandeville fue, sin duda, uno de los libros más populares de la Europa de los siglos XIV, XV y XVI. La conservación, aún hoy en día, de más de 300 manuscritos y cerca de 35 incunables confirman su extraordinaria difusión. La obra, escrita en francés, se tradujo a las principales lenguas europeas.

Algunos de sus notables lectores fueron Leonardo Da Vinci, Tomás Moro, Walter Raleigh o Cristóbal Colón, quien practicaba anotaciones al margen del ejemplar que conservaba en su biblioteca.

Pero lo más sorprendente es que se leyó como testimonio VERAZ de lo que ocurría en los confines más lejanos de Europa, convenciendo a millones de lectores de la autenticidad de su viaje y de sus “descubrimientos”.

No fue hasta el siglo XVII, cuando el escritor Sir Thomas Browne declaró que Sir John Mandeville fue “el mayor mentiroso de todos los tiempos”, que el libro cayera en el más absoluto descrédito, considerándose a Mandeville, desde entonces, como un gran farsante.

Los especialistas coinciden en que el libro de las maravillas de Mandeville no relata un viaje real sino ficticio. Que es consecuencia de un inteligentísimo trabajo de trenzar relatos de viajeros y peregrinos con estudios históricos, libros de ciencias, de geografía, vidas y textos de Santos (San Agustín en particular).

En definitiva, se trataba de la obra de un gran erudito y divulgador literario que jamás se movió de su casa.

El verdadero autor de los viajes de Mandeville sigue siendo desconocido. Muchos eruditos han llegado a la conclusión que Sir John Mandeville nunca existió, y que es el pseudónimo de un autor que nunca quiso dar su nombre.

Tampoco está clara la razón por la que sus lectores tomaron en serio tales cuentos y relatos, convirtiendo el libro en la obra de mayor difusión de la Europa Medieval, desde su aparición hasta el siglo XVII, incluso muy por delante de su casi coetáneo y predecesor “Libro de las Maravillas” de Marco Polo.

No obstante, en lo que sí parecen coincidir los estudiosos, es en que, fuera quien fuera el autor, se trató de un personaje de gran altura intelectual, que supo satisfacer perfectamente la, entonces, atracción medieval hacia los viajes, las leyendas fantásticas y el mundo exótico y desconocido; en definitiva, un auténtico viajero…..de escritorio.

Algunos años antes de la aparición del libro de viajes de Mandeville, Marco Polo dictó la historia de sus viajes y aventuras por los territorios asiáticos a Rustichello de Pisa, un escritor de romances de caballerías, mientras ambos compartían mazmorra en el Palacio de San Giorgio (Génova).

De esta forma nacía “El libro de las Maravillas”, considerado como una de las principales fuentes de información sobre Oriente durante muchos siglos. Las aventuras de Polo por Asia durarían 24 años, y buena parte de ellos transcurrieron en los territorios del Imperio Mongol de Kublai Khan que, por entonces, comprendía gran parte de la actual China.

Los viajes de Marco Polo, al margen de unicornios, montañas de fuego y de hombres inmortales, entre otros, y de la fama de exagerado que se ganó (no en vano se le conocía por Don Millione, Don Millón, porque decía encontrar “millones de personas” o “millones de pájaros”) siempre, y hasta nuestros tiempos, se han considerado reales. Dicho de otra forma, Marco Polo, a diferencia de Mandevile, sí fue un viajero real.

Pero, ¿ podemos considerar como absolutamente cierta esta afirmación ?

En 1995 Frances Wood, investigadora y directora del departamento chino de la Biblioteca Británica publicó una obra donde sostenía que el mercader nunca viajó más allá del Mar Negro y Constantinopla y que, por lo tanto, nunca estuvo en China. Para dictar sus recuerdos, años después, a Rustichello, se habría basado en relatos de comerciantes y guías árabes y persas. Wood sustentó su tesis, entre otros, con los siguientes argumentos:

– Marco Polo jamás mencionó el estilo de escritura mongol o Chino, a pesar de la evidente diferencia entre éstas y el alfabeto romano. Los nombres propios mencionados solo se ofrecen en su forma árabe o persa. – Tampoco mencionó Polo numerosos aspectos de la vida cotidiana y cultural china, totalmente novedosos para cualquier visitante extranjero. Así, no escribió sobre la costumbre de beber té, la utilización de palillos para comer, la costumbre de vendar los pies a las mujeres o la utilización del papel moneda. – No se ha encontrado ninguna referencia en los detallados archivos chinos de un visitante extranjero como Marco Polo. Si Polo sirvió realmente como emisario del gran Khan, parece insólito que su presencia nunca se hubiese observado. – En todo su relato, Polo no hizo ninguna mención a la Gran Muralla.

Yo no he leído “El Libro de las Maravillas”, pero los anteriores argumentos, de ser ciertos, parecen bastante consistentes, y a la vez reveladores de la posibilidad de que Marco Polo, al igual que Mandeville con su libro de viajes, fuera, por lo menos respecto a su viaje a China, otro gran “viajero de escritorio”, un genial viajero imaginario que ha sabido mantener su “engaño” durante más de 600 años, desde los lectores de la Edad Media hasta los de la época en que nos encontramos.

Dicho en otras palabras, si fuera cierto lo que afirma Frances Wood, Marco Polo, con la inestimable ayuda de Rustichello “nos la habría metido doblada”….y bien doblada.

Creo que son obvias las razones por las que Mandeville y Marco Polo merecen ocupar un lugar en esta galería de personajes.

Por un lado, sea Mandeville o quien fuera el autor del libro de viajes, por su genial capacidad para combinar la exactitud geográfica con los mundos exóticos, la historia real con la fábula y los viajes con las leyendas fantásticas.

Por otro, Marco Polo, y a pesar que puede que no llegase a China, porque fue un gran viajero y aventurero que abrió nuevas e importantes rutas comerciales a Europa, porque despertó, con sus relatos, las inquietudes de exploradores y conquistadores e influyó notablemente en los descubrimientos geográficos de los siglos XV y XVI…..y, porque gracias a él disfrutamos (porque dicen que él los trajo a Europa) de los helados y de la pasta, especialmente de los espaguetis, que bien recubiertos con una buena y casera salsa carbonara, hacen las delicias de quien os ha escrito estas líneas. Sobran pues, las razones.

5 Comentarios

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Manuman

En clase de Historia una vez leímos un trozo de “El libro de las maravillas” y esa noche se me llenaron los sueños de monstruos amables que me invitaban a beber té y a jugar al ajedrez.

Desde entonces recorro esa ruta de la seda para adormecerme y descansar del día.

ARIODANTE

Pues yo estoy leyendo ahora el libro de Mandeville y es cierto que es una mescolanza de diversos orígenes, pero es curiosísimo. El autor, quienquiera que fuese (Mandeville no existió, es un personaje inventado por el verdadero autor, por lo que parece) tenía muchísima imaginación y había leído mucho, también. La opinión de los especialistas es que no viajó o al menos, no por los sitios que cita, sino que se basa en los textos de otros. Curiosamente, Colón le leyó y le creyo…

Marco Polo no era cientificoMarco Polo no era cientifico

Quizás tengas razón pero no debemos olvidar que Marco Polo no era científico era un comerciante de especias.

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